De repente… se paró.
Se quedo absolutamente quieto; como sumido en pensamientos que acudieran a su mente sin aviso previo de llegada.
Lentamente, él giro la cabeza a un lado, y luego al otro. Observó a la gente de su alrededor, que corría como despavorida para guarecerse de una tenue llovizna de verano, que apenas llegaba a calar.
¿Cuánto tiempo hacia que no pisaba un camino de tierra? ¿Dos meses? ¿Cómo había llegado a esa situación?
De forma súbita, se había percatado de detalles como el olor de la humedad o el sonido que producía el golpeteo de las gotas de agua sobre el suelo, opacando un silencio tan intenso como el miedo de un moribundo consciente de ser moribundo.
Allí, en mitad de una calle de tierra que ahora empezaba a ser de barro, sintió las gotas caer sobre su cara, y resbalar por su cuello decenas primero, y después centenas quizá, de diminutos riachuelos que en su imaginación adquirían un danzarín reflejo plateado, y que se deslizaban limpios entre el verde y el ocre de un bosque que sabía como filtrar los rayos del sol para convertir la luz de por sí en arte; el mismo bosque que imaginaba desde que era un niño, y que tal vez nunca existió excepto en su imaginación.
Si; de repente, se paró.
Lo primero. Lo importante. Lo urgente. Lo necesario. Lo primordial. Lo vital.
Todo eso, de repente se paró. Se quedó absolutamente quieto.
El, mojado, fresco y consciente… sonrió.
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Hace algo más de 2 meses, me paré. Bueno, me pararon, pero después fui yo quien paré, y a partir de ese instante todo empezó a fluir…
Estupendo micro relato como siempre. Un beso.
Bueno, no te rías, ¿vale? Es posible que no haya interpretado bien el relato, pero da igual, lo realmente importante es que unas pocas palabras inviten a la reflexión. Yo creo que vivimos inmersos en dos mundos: el mundo real que no vivimos y el falso (el mundo de los sueños) que imaginamos todos los días. Pasamos demasiado tiempo inmersos en el mundo de los sueños, tratando de olvidar hasta el acto de olvidar, lo que nos priva de los sencillos placeres que has descrito: el olor de la tierra húmeda, la lluvia, la luz y el calor de un rayo de sol. El ser humano se aleja cada vez más de la Naturaleza y, por tanto, de su propia esencia. La idea de “mente vacía” o “cabeza hueca” (éste último es un término también válido jajaja) siempre me ha atraído, pero admito que no soy capaz de hallar la fórmula que me permita no pensar en lo pensable. Quizá soy demasiado inquieta o terca como para cerrar los ojos y dejarme llevar, no sé. Cuídate.
Besos.
“Solo cuando en el túnel reine la mas absoluta oscuridad, la luz tendrá la oportunidad de volver”. (Espacio en blanco, de Miguel Blanco. R.N.E)
¿Y cómo librarme de las sombras? ¿A dónde iré libre de mí misma? Puede que no soporte mis pensamientos, no cuando me encadenan el corazón. Pero, ¿qué sabemos de la libertad? Porque la libertad no es dulce. Es necesaria, pero no dulce. ¿Cuántos de nosotros volaríamos si la jaula se abriera? ¿Cuántos razonamientos emplearíamos para permanecer encadenados a lo que somos? ¿Cuántas mentiras doradas nos contaríamos frente al espejo cada mañana para dejar de escuchar el repicar urgente de la campana que no se calla? Y cuánto miedo a ser lo que somos. En la más absoluta oscuridad no podría aferrarme ni a mi sombra… No es fácil morar en el “vacío”.
Besos.
Escribes desde el alma y el resultado sale por tus dedos para plasmarlo en lo escrito.
Como siempre, un placer leerte.
Excelente música, Shibumi. ¿Sabías que algunos monjes Zen, además de utilizar la flauta japonesa para purificar el espíritu, la utilizaban como arma de defensa? Bueno, supongo que sí lo sabes.
Besos.